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Iton Gadol N° 89

Un solo Moishele, el último Moishele, en el Ghetto de Varsovia.

27.04.2011 10:19  |   | Fuente: Bamá

Y su padre, su padre contestó: "Avadim hainu..." (esclavos  fuimos)
Dijo Moishele: Querido padre, tengo otra pregunta entre todas mis preguntas.
Quiero saber, querido padre mío, si quedare yo con vida el próximo año para preguntarte el "Ma nishtaná?" ¿Acaso quedará un padre judío para contestar el "Avadim hainu"?
Y su padre contestó: No lo sé... no lo sé... No sé si yo quedaré con vida... No lo sé... No sé, hijo mío, si tú quedarás con vida... Pero sé que siempre habrá un Moishele, en algún lugar del mundo que pueda preguntar el "Ma nishtaná?" No sé, hijo mío, dulce Moishele, si nosotros estaremos con vida, pero solo una sola cosa sé: “Ki beshem Kodsheja nishbata lo she  lo ijbe nero leol”. En nombre de lo más sagrado, le juraste que no se apagará su lumbre por la eternidad...

La rebelión del ghetto de Varsovia estalló el 19 de abril de 1943, cuando unidades motorizadas y unidades terrestres del ejército alemán trataron de penetrar por los portones de las calles Guensha y Zamenhof.
Ese mismo día era la víspera de Pesaj, y por la noche, se tenía que celebrar el Seder
En el ghetto quedaban aún alrededor de 50.000 judíos. Durante ese día, la gente se escondía en todo refugio posible, en cloacas, en sótanos y boardillas, dentro de paredes dobles. Solo por la noche, cuando los alemanes temían entrar al ghetto, salía la gente para respirar un poco de aire y aprovisionarse de víveres.
Era la noche del Seder, en el ghetto semidestruido...
En la calle Koya, se encontraba la casa del gran rabino de Varsovia.
En el pasado, la misma calle se llamaba "Maisels" en nombre del rabino que luchó en la rebelión polaca del año 1863, en la que por 1943 vivía el rabino Isaac Zemba, erudito de estudios religiosos y de la Torá.
En el altillo se encontraba uno de los puestos estratégicos de "La Organización Judía Combatiente".
Tuvia Buzikowski, uno de los jóvenes dirigentes, relató lo siguiente:
“Al atardecer, salí del puesto de combate, y bajé a uno de los pisos bajos del edificio, para conseguir una linterna eléctrica para nuestros jóvenes combatientes.
Sin darme cuenta, me encontré en casa del rabino Zemba y sólo al entrar me acordé que era la víspera de Pesaj.
En el departamento del Rabino, había un desorden indescriptible, las sillas tiradas, los vidrios rotos, objetos por doquier, durante el día la familia sentada en el refugio, y en la habitación todo revuelto.
Solo la mesa del Seder, en el centro de la habitación, se veía festiva y organizada para celebrar la noche de Pesaj en memoria de la salida de Egipto de la esclavitud a la libertad. Una escena extraña entre el caos que reinaba alrededor. Por las ventanas, se infiltraban las ráfagas de fuego del ghetto ardiente, las ráfagas iluminaban de manera sorprendente a los comensales que festejaban alrededor de la mesa.
Cuando llegó el Rabino al párrafo de la Hagadá: “Descargarás tu furia hacia los pueblos que te persiguen”, la familia en pleno se echó a llorar.
Los vasos de vino y el vino rojo dentro cobraban el sabor de la sangre que se estaba derramando. Explosiones y tiros por doquier. Yo, sin poder parar mis lágrimas, pensé en lo inaudito de toda aquella escena y en la necesidad espiritual de continuar la celebración a pesar de las intenciones del enemigo, y a pesar de que la muerte estuviera tan cerca. El Rabino siguió leyendo la Hagadá, agobiado por su propia emoción y lágrimas, pero con la convicción de cumplir con el sagrado ritual aunque fueran sus últimas horas de vida. Al terminar la lectura, me preguntó: Cuéntame Tuvia, ¿Cómo están los javerim? ¿Cómo se organizaron? ¿Por dónde entraron los alemanes hoy? ¿Hay suficientes armas? Cuéntame todo, Tuvia, ¡no me ocultes nada! Después de desearme fuerza y coraje, el Rabino envió una bendición para todos los combatientes, y algunos paquetes de matzot para celebrar Pesaj en los diversos puntos de combate.
Cuando salí de la casa del Rabino, y subí nuevamente a la posición donde se encontraban mis javerim, me sentí rodeado del calor de mis amigos, mis compañeros de idea y de lucha, los que me inspiraban para continuar en aquella contienda por tres párrafos de heroísmo en la historia de nuestro pueblo.” 

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